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 MIGUEL DE CERVANTES (II)

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ILYAS
Bavard
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Localisation : Larache/Maroc
Date d'inscription : 12/05/2005

MessageSujet: MIGUEL DE CERVANTES (II)   Lun 27 Mar - 15:11

Más poemas, camarero y soldado, que no es manco (bueno, sí es manco)
Esos tempranos inicios poéticos se vieron truncados casi en sus comienzos, pues a finales de 1569, encontramos al joven escritor instalado en Roma como camarero del cardenal Giulio Acquaviva, al que serviría durante un tiempo (año y pico) para iniciar pronto su carrera militar. Allí tuvo Cervantes ocasión de familiarizarse con la literatura italiana del momento, tan influyente en su propia obra.

¿Qué hace de repente nuestro joven escritor en Roma? Una explicación de este brusco cambio de escenario estaría en una provisión real (encontrada en el siglo XIX en el Archivo de Simancas), fechada en septiembre de 1569, en la que se ordenaba el apresamiento de un joven estudiante homónimo de nuestro autor por haber herido en duelo al maestro de obras Antonio de Sigura. Según el contenido del documento, el culpable fue condenado en rebeldía a que le cortaran públicamente la mano y a ser desterrado del Reino por 10 años. Fuese o no nuestro Miguel el autor de dicha herida en duelo, quizá escuchó el consejo de alguno de sus parientes y se decidió a pasar un tiempo en Roma.

Cervantes abandonó el ambiente pontificio en 1570, para entrar en el servicio militar, entonces absolutamente voluntario, en el que desde luego no le sonreiría nunca la fortuna. Se alistó primero en Nápoles a las órdenes de Álvaro de Sande, para sentar plaza después, con toda seguridad, en la compañía de Diego de Urbina, del tercio de don Miguel de Moncada, bajo cuyas órdenes se embarcaría en la galera “Marquesa”, junto con su hermano Rodrigo, para combatir, el 7 de octubre de 1571, en la batalla naval de Lepanto.
Aunque en aquellos días sufría de fiebres, luchó con valor (“más quería morir peleando por Dios e por su rey”), pues recibió dos arcabuzazos en el pecho y uno en la mano izquierda, que se la dejaría inutilizada para siempre. No es extraño que fuera herido, ya que el puesto de combate que se le asignó, a popa del navío, era particularmente peligroso. A cambio de la herida en la mano, quedaría inmortalizado como “El manco de Lepanto” y conservaría hasta su muerte el orgullo de haber participado en “la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros”, como él denominaba a la batalla de Lepanto.

Manco, cautivo y empeñado en fugarse, casi como Papillón
Ya recuperado de sus heridas en Mesina, en 1572 se incorporó a la compañía de don Manuel Ponce de León, del tercio de don Lope de Figueroa, dispuesto a seguir como soldado, pese a tener una mano lisiada. Participó en diversas campañas militares en los años siguientes (Ambarino y La Goleta, por ejemplo), pasando gran parte de su tiempo en los aburridos cuarteles de invierno de Mesina, Sicilia, Palermo y Nápoles. Cansado de tal modo de vida, unos tres años después Cervantes decide regresar a España, no sin obtener antes cartas de recomendación del propio don Juan de Austria y del duque de Sessa, reconociéndole sus méritos militares, con intención de utilizarlas en la Corte para obtener algún cargo oficial.

Así, en 1575 embarca en Nápoles, junto con su hermano Rodrigo, en una flotilla de cuatro galeras que parten rumbo a Barcelona, con tan mala suerte que una tempestad las dispersa y precisamente “El Sol”, en la que viajaban Cervantes y su hermano, es apresada, ya frente a las costas catalanas (no lejos de Cadaqués), por unos corsarios berberiscos al mando del renegado albanés Arnaut Mamí. Los cautivos son conducidos a Argel y Miguel de Cervantes cae en manos de Dalí Mamí, apodado “El Cojo”, quien, a la vista de las cartas de recomendación del prisionero, firmadas por el gran capitán mediterráneo Juan de Austria, fija su rescate en 500 escudos de oro, cantidad prácticamente inalcanzable para su familia.
Así se inicia el periodo más terrible de la vida de Cervantes: cinco largos años de cautiverio en las mazmorras o baños argelinos, que dejarían una huella indeleble en la mente del escritor:
“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres” (Quijote, II, 58).

La idea de libertad alimentaría numerosas páginas de sus obras, desde La Galatea al Persiles , pasando por El capitán cautivo del primer Quijote, y sin olvidar El trato de Argel ni Los baños de Argel . Cervantes intentó escaparse en varias ocasiones, sin éxito. En 1576 intenta fugarse por primera vez y huye con otros dos cristianos rumbo a Orán, pero el moro que los guiaba los abandona y no les queda más remedio que regresar a Argel. En 1577 se produce el segundo intento:
Cervantes se encierra con otros catorce cautivos en una gruta del jardín del alcalde Hasán, donde estarán cinco meses esperando a que su hermano Rodrigo, rescatado poco antes, acuda a liberralos. Pero un renegado apodado “El Dorador” los traiciona y son sorprendidos en la gruta: Cervantes, valerosamente, se declara único responsable, lo que le supone ser cargado de grillos (no precisamente de los que hacen cri-cri) y conducido a las mazmorras. En 1578, tercer intento. Nulo. Cervantes envía a un moro con unas cartas dirigidas a don Martín de Córdoba, general de Orán, para que les envíe algún espía que los saque de Argel. Pero el moro es detenido (y luego empalado) y Hasán ordena que se den 1000 palos a Cervantes.

Evidentemente, el castigo no se cumplió. Cuarto intento: Cervantes intenta armar una fragata en Argel par luego alcanzar España con unos sesenta pasajeros. Pero una denuncia de Juan Blanco de Paz (que había sido fraile dominico) estropea el proyecto y Cervantes, que una vez más se hace responsable de todo, se entrega a Hasán, quien le perdona la vida (bueno, por lo menos es seguro que este Hasán era un hombre paciente) y lo encarcela en sus baños.

Después de tantos intentos fallidos (más que Platón intentando establecer un gobierno ideal en Siracusa), el 19 de septiembre de 1580, cuando Cervantes está a punto de partir hacia Constantinopla con la flota de Hasán, los trinitarios fray Juan Gil y fray Antón de la Bella, con las monedas obtenidas de sus recorridos pedigüeños por la geografía española, pagan el rescate y Cervantes queda en libertad. El 27 de octubre llega a las costas españolas y desembarca en Denia (Valencia): su cautiverio ha durado cinco años y un mes.

Libertad, buscando trabajo y contrayendo matrimonio
Cervantes pretendió largo tiempo algún puesto oficial, especialmente en América, a donde quería viajar. En 1581 fue a Orán, en misión desconocida, y luego a Lisboa, a dar cuentas al gobierno de Felipe II. Sigue empeñado en un puesto en América, y así en 1582, dirige una solicitud a Antonio de Eraso, que le es denegada. Nunca le fueron recompensados sus méritos militares.

Dedicado de lleno a las letras, en el mundo literario del Madrid de finales del siglo XVI, mantiene relaciones amistosas con las más altas plumas de la época: Laýnez, Figueroa, Padilla… y se dedica a redactar La Galatea (donde figuran como personajes buena parte de estos autores), que vería la luz en Alcalá de Henares, en 1585. Sigue también muy de cerca la evolución del teatro, acelerada por el nacimiento de los corrales de comedias, y se empapa de las obras de Argensola, Cueva, Virués, etc., llevando a cabo una actividad dramática muy fecunda no ajena al éxito:

"Compuse en este tiempo hasta veinte comedias o treinta, que todas ellas se recitaron sin que se les ofreciese ofrenda de pepinos ni de otra cosa arrojadiza; corrieron su carrera sin silbos, gritas ni barahúndas" , dice en el Prólogo a Ocho comedias .

De ellas se conservan El trato de Argel (inspirado en los recuerdos del cautiverio argelino), La Numancia y, si admitimos su paternidad, la recién atribuida Conquista de Jerusalén . También conocemos un contrato firmado en 1585 con Gaspar de Porres, referente a dos piezas perdidas: El trato de Constantinopla y La Confusa . Ante la imposibilidad de obtener algún cargo público, Cervantes parece ya definitivamente enfocado hacia la literatura, aunque su vida todavía dará muchas vueltas.

En 1584 Cervantes mantiene relaciones con Ana de Villafranca, o Ana Franca de Rojas, de quien nacería la única descendencia de nuestro autor: Isabel de Saavedra. Después, Cervantes viaja a Esquivias para entrevistarse con Juana Gaitán, viuda de su amigo Pedro Laýnez, a intentar publicar sus obras. Allí conoce a Catalina de Palacios, con cuya hija de diecinueve años, Catalina de Salazar, contraerá matrimonio, teniendo Cervantes treinta y siete años, el 12 de diciembre. De momento, se instala con su esposa, pero poco después siguió con sus viajes y movimientos por el ancho mundo, que le llevaron a tener esposa de modo sólo nominal, pues hasta principios del siglo XVII no volverá a verse con ella
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